Diego Juárez y Enrique Arellano. Fútbol sin trampas. César Luis Menotti. Cascarita.
EL REGRESO DEL FÚTBOL SIN TRAMPAS
A la memoria de los desparecidos
políticos de México, Argentina y de todos lados.
No tener miedo al disenso, ni al debate,
es patrimonio de los hombres de bien.
César Luis Menotti.
Carlos del Toro en sus Anécdotas del Fútbol cita una definición contundente de este juego de The New York Times: un juego feo, rastrero, complicado, con engaños, trampas y, en ocasiones, brutalidad.
Este concepto sitúa en el plano ontológico del fútbol algunos rasgos más bien de estilos de hacer política o de formas de conducir una sociedad: el pragmatismo, el utilitarismo.
De lo dicho por el medio de comunicación neoyorquino se deduce otra cosa: independientemente de los fines, el juego es así, es tramposo. Esta idea esencialista del fútbol es limitada por una razón: olvida los intereses, las finalidades, las razones que determinan a una práctica humana ser de una forma y no de otra.
Si la inferencia anterior la trasladamos a la política o a la economía, podemos extrapolar a estos campos esa idea (más bien lógica): por definición la política es corrupción, es ejercicio brutal de la fuerza contra el enemigo, es uso del poder para defender los intereses privilegiados de uno cuantos; en esencia la economía es desigualdad, es búsqueda del éxito del interés particular para que esto traiga concomitantemente el bien común, es desregulación (y lucha contra todo aquello que obstaculiza su función promotora de bienestar) para que de manera libre los capitales circulen saqueando las riquezas de los países.
Aunque suene a contrasentido la perspectiva extraída de Maquiavelo es no sólo más exacta, es también más honesta en su carácter práctico: los fines subordinan los medios, los usan, definen su sentido.
Por lo tanto, el fútbol, la política y la economía, de acuerdo a ciertas finalidades, a determinados propósitos o a la convergencia de un grupo de intereses pueden engañar, hacer trampas, actuar de manera rastrera o ejercer la brutalidad: la represión política de las dictaduras militares de Chile y Argentina, el neoliberalismo, o las patadas arteras para ablandar al rival y que éste no despliegue sus capacidades tácticas y/o técnicas en el campo de juego.
En otras palabras, detrás de hechos específicos dentro de los campos de la economía, la política o el fútbol, hay responsabilidades, hay decisiones tomadas. La comprensión de lo que determinó ciertos acontecimientos pasa por el entendimiento de las circunstancias y voluntades entramadas (generalmente en tensión) y configuradas de una manera concreta en un momento histórico.
Que un tipo nacido en 1938 en Rosario, Argentina, cuya profesión es entrenador de fútbol y tenga dentro de su palmarés el título de Campeón del Mundial de 1978 y Campeón Mundial sub-20 en 1979, nos diga que en el balompié hay en efecto trampas y mentiras, y que éstas responden a intereses, nos obliga a una revisión mínima de la persona y sus ideas:
Siento en orientar esa acción un deber ineludible, una responsabilidad ética. Y valiéndome de mi libertad, decir, denunciar e intentar probar que el actual camino que transita el fútbol argentino y en otros muchos lugares está plagado de trampas y mentiras, también de desconocimiento y falta de ética.
En especial por aquellos que prefieren honrar su libertad manteniendo un silencio cómplice, negándose a responder todo aquello que suponga intromisión en cualquier área relacionada con el poder, ya sea mediático, económico o político .
César Luis Menotti, el hombre al que nos referimos, es además autor de dos libros Cómo gané el Mundial publicado en 1978 y Fútbol: juego, deporte y profesión editado en 1980. Es coautor de otro, quizás más conocido, Fútbol sin trampas, que escribió en 1986 junto con el filósofo, psicopedagogo y también entrenador, Ángel Cappa.
Menotti representa en el fútbol la defensa un estilo donde el jugador debe actuar con los pies y con la mente. La mente como una especie de inteligencia emocional puesta en el juego y afuera de él, con la finalidad de tener presente la perspectiva del otro e incorporarla en el hacer personal y colectivo. La otredad del espectador, de lo que representa su club o equipo para una colectividad, de la identidad del juego en relación con una idiosincrasia, de los valores que definen a una sociedad que deposita en el juego parte de su alegría y, a veces, parte de su razón de ser.
Es obvio que cuando dirige a un equipo, el rosarino no sólo habla de táctica, estrategia o de técnica, recupera la identidad del futbolista y del equipo en contrastación/confrontación con eso que no somos o no creemos ser, pero que nos define por oposición/complementación. En su discurso aparece la historia del club o del país, la responsabilidad de los actores del fútbol, la personalidad, la ética, la estética y la traducción de esto en una coreografía de fuerza, resistencia, flexibilidad y ubicuidad respecto del balón. Aunque para sus detractores sea un sinónimo de burla, expresión de demagogia pseudoizquierdista aplicada a algo tan simple como ganar un partido, o perorata sin consecuencias prácticas para defenderse del o atacar al equipo rival: se trata de principios de comportamiento dentro de un juego y de modalidades de representar lo que uno quiere y busca en la cancha y más allá de ella. El término filosofía sea quizás excesivo, pero tampoco es ajeno.
La tecnocracia invadió al medio futbolístico. Las narraciones utilizando un discurso bien construido sintáctica y semánticamente, con imágenes retóricas apropiadas, con sentido, ha pasado a ser una rutina de palabras excesivas disparadas por una ametralladora que mezcla lo mismo anuncios, datos estadísticos, descripciones redundantes y descontextualizadas, manifestaciones exultantes de aspectos intrascendentes, rutinas y tedio al compas de seguir cómo va y viene el balón, y de gritos eufóricos de goles como si la vida comenzara o terminara con ellos. En este desierto, las voces pausadas, con acento, con sentido común, buen decir y con contenido, enuncian lo cada vez más improbable: la magia y la fantasía podrían expresarse en el jugar bien al fútbol y jugar bien está más allá de los resultados, pero puede traer resultados, pero es más difícil jugar bien que ganar. Son los Cappa, Valdano, Cruyff, Menotti, o Roberto Gómez Junco (por citar uno de los pocos casos de México).
La tecnocracia nos ha llenado en exceso de finalidades tácticas y junto con la obsesión por el resultado, nos somete cada vez más a la dictadura de ganar o no perder a toda costa. Lo que está fuera de esto es romanticismo o no comprende la virilidad del juego como una apuesta de selección natural donde los más aptos a partir de su fuerza sobrevivirán. Pero las ciencias naturales y en particular la biología nos hablan cada vez más de colaboración entre especies para vivir. Jugar bien; sentirse bien por jugar como se juega; y hacer sentir bien a los otros por como se juega; requiere colaboración, generosidad y erotismo. En fin, esto es entrar a una esfera que muchas veces parece mística: la comunión.
Ángel Cappa señala que está a favor de un fútbol ganador que sea respetuoso de nuestra alegría, de nuestro gusto y de nuestra identidad. En esto se define como un aplicado alumno de Menotti. Los principios que asocia a César Luis son: fútbol sonriente, pases saludables, juego lírico y poético, jugadores que primero se divierten por jugar y luego por saber que han ganado, pero recién luego .
El Dr. Juan José Marín Hernández, especialista costarricense en Historia, y el Dr. Guillermo Carvajal Alvarado, especialista de la misma nacionalidad en Geografía, en su texto La historia y la geografía: dos perspectivas para entender mejor el fútbol, escriben respecto de la función pedagógica en el trabajo como entrenador de César Luis: Menotti comprendió el papel del futbolista no sólo como una figura heroica y mítica alejada de la realidad. Según, la revista el Gráfico, Menotti se preocupó porque sus jugadores asistieran tanto al teatro como a las partidas de ajedrez. Asimismo, Menotti preparó a los seleccionados para brindar y formar opiniones de todo tipo, a sabiendas de su responsabilidad social.
A pesar de los planteamientos de Menotti y de las críticas de sus opositores quienes lo acusan de fracasar en términos de resultados, en su trayectoria tiene, además de las Copas del Mundo de 1978 y la sub-20 de 1979, el título que obtuvo con el Huracán de Argentina en el Campeonato Metropolitano de 1973; la Copa del Rey, la Copa de Liga, la Supercopa en 1983 con el Barcelona. Ahora bien, es cierto que en los últimos 24 años no ha obtenido ningún título y se insiste mucho en que no le ha ido bien con los equipos a los cuales ha dirigido últimamente. No obstante, su principal antagonista, el Dr. Carlos Salvador Bilardo, adscrito a los técnicos preocupados por el resultado, creyente fiel de que el triunfo justifica los medios aunque estos se alejen del juego bonito y del juego limpio, tampoco ha sido un dechado de triunfos. Obtuvo los campeonatos nacionales 1977 y 1978 con el Deportivo Cali de Colombia, ganó en Argentina el Campeonato Metropolitano 1982 con el Estudiantes de la Plata, y bajo su conducción Argentina se coronó en la Copa del Mundo 1986.
La controversia entre Menotti y Bilardo expresa, a quienes se atribuye en Argentina influencia sobre otros técnicos, representantes de dos perspectivas diferentes, y aun contrapuestas, del fútbol, son definidos como docentes que ponen énfasis en aspectos diferentes. Mientras que para Bilardo lo importante es aprovechar los distintos elementos de los que dispone, sean éstos lícitos o no, para conseguir la victoria, y prefiere utilizar formaciones más bien conservadoras, tiradas hacia atrás, esperando el error del contrario; Menotti pone atención en la convicción de sus equipos respecto de lo que quieren hacer en el campo, insiste en el buen trato de balón y el protagonismo de sus formaciones para ir al frente (los críticos han denominado a esto proponer el partido, que no es otra cosa que adelantar líneas con el riesgo que supone, presionar la salida del equipo contrario para recuperar rápido el balón y tener posición ofensiva desde el campo contrario incorporando a la gente de atrás –los laterales o algún defensa central).
A propósito de la labor de un entrenador Menotti es claro, no habla de ganar o de triunfar, sería más útil, se me ocurre, indagar en las señales tangibles que emite el futbolista de élite o en formación, hacer una lectura minuciosa de sus condiciones, profundizar y optimizarlas. Un entrenador tiene por obligación enseñar entrenando, descubrir quién puede y quiere aprender, y abocarse a la desafiante tarea de potenciar al máximo las cualidades del jugador. Y esto no se logra con fórmulas mágicas sino desde el conocimiento .
Con estos conceptos César Luis Menotti regresa a México a dirigir al equipo de la Universidad Autónoma de Guadalajara. Será presentado al plantel el miércoles 29 de agosto. A unas horas de llegar a la Ciudad de México para de allí trasladarse a Guadalajara, ya existe un debate respecto de la pertinencia de su contratación y se emiten dudas acerca de si será capaz de sacar a este equipo de la difícil situación en la que se encuentra.
En México existen también los pro-menottistas y los anti-menottistas, y en medio de estos extremos muchas posiciones respecto de las cualidades y de la capacidad del entrenador argentino. Al margen están otras consideraciones, por ejemplo, la comunicadora Carmen Aristegui, en su Hoy por Hoy de la XEW, ha expresado su simpatía por la presencia de un hombre que dará calidad a las declaraciones en un medio que últimamente se ha vuelto precipitado, lleno de bravuconería e incongruencia. Los casos de Hugo Sánchez y de Jorge Vergara para no ir más lejos.
El caso de Menotti está más allá de los francotiradores del medio futbolístico quienes dudan de la aportación de un hombre que más que por lo ganado o perdido con él durante su paso por la dirección técnica de la Selección Mexicana, influyó positivamente en jugadores y entrenadores, aportó en la relectura de la identidad del fútbol mexicano y encontró elementos para fundamentar la idea de que nuestros equipos podían competir contra cualquiera proponiendo los juegos sin importar si éramos locales o visitantes. Quizás sutil o insignificante, quizás trascendente, no obstante esto significó una innovación en la autoestima de quienes en la cancha tienen la misión de representar algo más que a sus personas.
Las batallas de Menotti han sido más fuertes en Argentina, y van más allá del fútbol, en verdad dura ha sido la postura de los críticos quienes cuestionan haber tomado la dirección de la Selección Argentina durante la dictadura militar. Ponen en tela de juicio la congruencia ideológica del entrenador que ganó con su equipo para su país la primera Copa del Mundo de su historia cuando cerca del estadio de River Plate, donde se jugaba la final, a diez cuadras funcionaba la ESMA, el mayor centro de torturas de la dictadura .
Un cuestionamiento demoledor no sólo por lo que dice de Menotti, sino por la contrariedad en la que vivía el pueblo argentino, fue el de Adolfo Pérez Esquivel, Premio Nobel de la Paz en 1980: Todos los presos políticos, los perseguidos, los torturados y los familiares de los desaparecidos estábamos esperando que Menotti dijera algo, que tuviera un gesto solidario, pero no dijo nada. Fue doloroso y muy jodido de su parte. Él también estaba haciendo política con su silencio. Pérez salió de la prisión de La Plata donde estaba confinado, debido a la presión internacional, el 23 de junio de 1978, dos días antes de la final de la Copa del Mundo. No obstante, recuerda: en la cárcel, como los guardias también querían escuchar los partidos, el relato radial nos llegaba por altoparlantes. Era extraño, pero en un grito de gol nos uníamos los guardias y los prisioneros. Me da la sensación de que en ese momento, por encima de la situación que vivíamos, estaba el sentimiento por Argentina .
En efecto ésta como otras críticas en la misma línea han perseguido a César Luis, existen testimonios a propósito de su renuncia a la dirección técnica del equipo argentino, finalmente no aceptada, antes del Mundial, y los comentarios de los futbolistas a quienes entrenó, los cuales coinciden en lo confuso, contradictorio y difícil del momento, donde reconocen la dignidad mostrada por Menotti. Finalmente, si algo hay que decir de este grupo es que dieron y aún enfrentan la situación de frente, pese a lo doloroso y las implicaciones éticas en contra suya.
En una entrevista realizada en el 2003 a Menotti se le cuestiona:
Veinticinco años después se sigue vinculando al Mundial con la dictadura, ¿le molesta?
No, lo que sí me molesta es que los medios de comunicación cómplices de la dictadura la saquen de contexto para relacionarla con él fútbol. El Mundial no lo hice yo ni los jugadores, remarcar eso es una actitud cobarde. Si queremos hablar de política, primero tenemos que ver por qué aparecen los golpes de estado, a quién representan: no lo hacen cuatro militares locos que toman un fusil. Un golpe necesita muchas complicidades, las que primero usan al neoliberalismo de derecha; cuando éste se agota recurre a los militares, y después se infiltra en la democracia... Es muy bueno tener memoria, si queremos debatir analicemos por qué Argentina tuvo a Aramburu (dictadura 1955/58), por qué Onganía (dictadura 1966/70), por qué Videla y los que lo siguieron (dictadura 1976/83) y por qué Menem (presidente democrático 1989/99, de signo neoliberal). Relacionar el Mundial 78 con la dictadura es una postura cómoda... Los análisis cayeron en la facilidad de recordar a la dictadura a través de la Copa del Mundo. A mí no me hace falta el mundial para recordar la dictadura. La recuerdo porque a mis amigos los torturaban por pensar distinto, los encarcelaban y combatían a la izquierda de una manera criminal...
¿El hombre y su circunstancia? Menotti es un tipo consciente, informado y autocrítico. El examen de los hechos lo habrá repasado varias veces. Su postura de izquierda era conocida en aquellos tiempos porque era pública, permanece aun hoy. No estaba coludido con los militares ni aprobaba el genocidio. Es más, ¿quiénes, en ese momento teníamos el conocimiento de lo que allí ocurría? ¿Alguien podía dar cuenta clara en esos momentos de la magnitud de lo que pasaba no sólo en Argentina, sino en otras partes de América Latina (México incluido)?
No se trata de defender o atacar a César Luis Menotti. Lo cierto es que no delató ni mató a nadie. Asumió una postura como la de otras figuras públicas, artistas y deportistas, que estando en contra de la dictadura no se fueron del país y siguieron cumpliendo su profesión. No para que la gente careciera de conciencia (el problema de la conciencia es más complejo) de lo que ocurría o para engañarlos, sino para aliviar un poco el dolor, para aguantar, era también importante resistir y sobrevivir:
A distancia –señala hoy Oswaldo Ardiles (mediocampista de la Selección Argentina)- está claro que fuimos utilizados como propaganda por parte de los militares. Pero también hay que aclarar que nosotros, los jugadores y el cuerpo técnico que integremos aquella Selección, fuimos víctimas de esa manipulación de nuestro trabajo, o de los frutos del mismo. Hoy duele ver eso, pero también –sigue Ardiles- puede decirse que quizá servimos como bálsamo para mucha gente oprimida que pudo volver a salir a la calle envuelta en banderas argentinas. Sabíamos que lo nuestro no tenía nada que ver con lo que estaban haciendo los militares, algo que prácticamente desconocíamos. Pero de alguna manera, a los que medianamente teníamos cierta conciencia de quiénes se trataba, nos hacía sentir mal .
A algunos nos hubiera gustado un papel enérgico de Menotti, quizás más en los términos apuntados por Pérez Esquivel. Otros hubiesen preferido que se jugara la piel y se convirtiera en mártir. En el Mundial de México en 1970 ningún futbolista o entrenador protestó por lo ocurrido en la Plaza de las Tres Culturas de Tlatelolco en 1968. En el Mundial de Argentina ni Hugo Sánchez ni José Antonio Roca, tampoco Pilar Reyes, Leonardo Cuéllar o Vázquez Ayala se negaron a participar por lo que ocurría con los militares. Los periodistas mexicanos de los diferentes medios cubrieron dicho evento y no recuerdo en alguna de sus crónicas la referencia al genocidio. En el Mundial de México en 1986 ni Tomás Boy ni Fernando Quirarte, tampoco Hugo Sánchez o Manuel Negrete protestaron contra la incapacidad de Miguel de la Madrid Hurtado durante los terremotos de 1985 ni por la instauración del modelo neoliberal que tantos efectos perniciosos ha tenido en el país. ¿Nuestras máximas estrellas Hugo Sánchez, Jorge Campos, Benjamín Galindo, Luis Alberto Zague, Alberto García Aspe, Luis Hernández, Luis García o Cuauhtémoc Blanco, cuestionaron alguna vez la injusticia, la desigualdad, la pobreza y la responsabilidad de los grupos de poder en este estado cosas? ¿Algún entrenador o futbolista ha dicho algo respecto del fraude electoral del 2006?
En la década de los 70 hubo también en México una guerra sucia. Ni Rafael Puente ni Enrique Borja, ni Manuel Lapuente ni Ignacio Calderón, se pronunciaron al respecto. Del año de 1988 a 1994 hubo asesinatos de perredistas o de gente identificada con el cardenismo, ¿alguien recuerda a alguno de nuestros deportistas expresando su indignación, su crítica al salinismo? ¿Y Acteal y Aguas Blancas? ¿Y las muertas de Juárez, y San Salvador Atenco y Oaxaca?
En todo caso quienes vimos el Mundial de 1978 le hicimos también el juego a la dictadura de los militares argentinos y los Servicios Secretos y al Ejército mexicano, dado que no aprovechamos para expresar nuestro repudio ante la violencia de los dos Estados en contra de sus ciudadanos. No fuimos Johann Cruyff, entonces el mejor jugador del mundo, quien renunció a la Selección porque no quiso jugar en un lugar donde se detenía y desaparecía a la gente (violación masiva de los derechos humanos), tampoco fuimos Hellstrom, el guardameta de la Selección de Suecia, y uno de los mejores porteros del orbe, quien visitó a las Madres de la Plaza de Mayo para solidarizarse con ellas.
Por cierto, Hellstrom, años después recordaría toda la experiencia del Mundial 78: La gente tuvo un gran desahogo, se manifestó de manera inconsciente. Festejaban sin saber bien qué. La mayoría –afirma- creía que a los que estaban reprimiendo eran a otros y no a ellos mismos .
La misma Hebe de Bonafini, una de las principales voces de las Madres de la Plaza de Mayo, expresó algunas vez su postura respecto de los sentimientos encontrados y pese al dolor que la acompañaba, mostró un comprensión profundamente humana de lo que ocurría a partir de su entorno inmediato: ¿Cómo no voy a comprender a la gente si en mi propia casa, mientras yo lloraba en la cocina, mi esposo gritaba los goles frente a la televisión?
Menotti optó por otro camino:
Menotti, ¿para quién jugaba esa selección? ¿Para los militares o para el pueblo?
Esa era la consigna: entremos a la cancha de espaldas al palco y miremos dónde está nuestra gente: ahí, en la tribuna, está papá, los amigos, los vecinos y todas aquellas personas que sienten el fútbol. Pensando en ellos teníamos que mantener la dignidad de nuestro juego. No podíamos traicionarnos, tirar la pelota afuera... El equipo que no abusó de su condición de local, partiendo de un profundo respeto hacia el espectáculo .
Su compromiso estuvo con los jugadores y con la gente, no con los militares: (aquí se refiere a la final que jugaron contra Holanda)
Cuando volvimos al vestuario, exhaustos después de 120 minutos de un combate durísimo, nadie hablaba, estaban todos con la cabeza gacha como si hubiésemos perdido. Les pregunto ¿qué pasa? Y Olguín me miró y me dijo "¿Y ahora qué?". Y ahora volver a vivir, a hacer lo que hicimos siempre, con la satisfacción del objetivo cumplido. A seguir jugando al fútbol, que es lo que nos gusta.
La experiencia de Menotti no ha sido fácil. No es un tipo autocomplaciente, es abierto, se expone a la crítica, no rehuye el debate. Hizo campeón del mundo a un equipo que jugaba llevando alegría a su gente en medio del infierno. Esto tiene su mérito y su riesgo, algunos han preferido hacerlo blanco de responsabilidades que no le corresponden, pero si un aspecto se le puede reconocer de este periplo doloroso es que no se escondió ni se excusó, ha dado la cara, ha dicho su verdad, podemos no estar de acuerdo… lo respetamos.
Menotti regresa a México. En noviembre cumplirá 69 años. En algunos medios mexicanos afirman que está viejo y sólo viene a estafar a quienes lo contrataron. ¿Qué puede aportar a estas alturas? Su experiencia, las reflexiones sobre su historia dentro y fuera de las canchas; sus conceptos, más que vigentes o no, son principios a propósito del valor del fútbol como juego y fenómeno cultural; su confianza en el fútbol de un país como México que en su identidad tiene influencia importante del balompié argentino; su disposición a motivar a los jugadores para que comprendan la importancia para su profesión y para su vida, de ver una obra de teatro, de visitar un museo, de leer y de pensar.
Regresa a México esa idea sutilmente subversiva del fútbol sin trampas. Nos quedamos, sin eludir la memoria de lo que ha pasado y pasa en Argentina, aquí y el mundo, primero con una reflexión del entrenador argentino a propósito de la libertad y de la acción:
Es evidente que usar la libertad para mantener la boca cerrada es mucho más cómodo que valerse de la libertad para no desentenderse, y participar en orientar la acción que nos permita un debate más honrado. La libertad es peligrosa si uno quiere vivir comprometido, no desde el silencio, sino desde la acción .
En segundo término con una reflexión final de Pablo Aro Geraldes expresada en su artículo Mundial 78, una excusa para ser felices, publicado en París por la revista France Football, cuando se cumplieron 25 años de la primera Copa del Mundo ganada por la selección Argentina, conducida por César Luis Menotti:
Más allá de las polémicas y los recuerdos de los años manchados de sangre, los argentinos hoy valoran el título de 1978 por un equipo que ganó respetando un histórico estilo. En medio del horror, el fútbol fue, como suele definirlo Menotti, "una excusa para ser felices".
Enrique Cuauhtémoc Arellano Aguilar
Diego Juárez Chávez


