La Coctelera

Ciberperiodismo

Sociedad Iberoamericana de Académicos, Investigadores y Profesionales del Periodismo en Internet

Categoría: Columnas

4 Octubre 2007

México. Columna Juego de ojos. Miguel Angel Sánchez de Armas. La sal y el imperio

La sal y el Imperio

La mañana del 6 de abril de 1930, hace ya 77 años, Mohandas Karamchand Gandhi alzó en la mano derecha un puñado de sal frente a una multitud congregada en la playa de Dandi, en el estado Guajarat, y con aquella su voz tan prodigiosamente apacible, dijo: “¡Así se estremecen los cimientos del Imperio británico!”.

Eran sólo unos gramos que no valían un paise en el mercado de la aldea pesquera vecina. Pero este gesto desembocó, 17 años más tarde, en la independencia de la India. El Mahatma –“gran alma” en sánscrito-, uno de los más extraordinarios luchadores sociales de la historia moderna, comenzaba su gran marcha.

El 2 de octubre fue el 138 aniversario de su nacimiento y ninguno de los grandes diarios “nacionales”, ni los grandes diarios “estatales”, ni los sistemas informativos de radio y televisión, incluidos los llamados “culturales”, dedicó un espacio a su recuerdo. Afortunadamente JdO tiene memoria histórica.

Gandhi nos enseñó que los cambios comienzan por uno mismo. “Las revoluciones -solía citarlo Oscar León Camelo- sólo son interiores”. Nadie puede cambiar el mundo que lo rodea si antes no se transforma a sí mismo.

En plena dictadura de la testosterona como fue la sociedad de comienzos del siglo XX –tal cual tristemente se reedita hoy- el ejemplo de Gandhi no fue entendido. Al contrario, desconcertó a muchos, comenzando por los arrogantes hijos mayores de la Pérfida Albión. Incluso alguien tan sagaz y talentoso como Winston Churchill se refirió al padre de la independencia india con lenguaje propio de rufián del West End: “¡Ese fakir semidesnudo!”, exclamó en el piso de los Comunes.

No reparó Churchill en que Mohandas era producto del sistema universitario inglés, que recibió la patente para ejercer la abogacía del Alto Tribunal de Su Majestad, que se veía a sí mismo como un “hijo del Imperio” y que valoraba la ley y la justicia por sobre todas las cosas.

¿Se podía esperar otra cosa de una persona formada en el crisol del sistema en donde echaron fuertes raíces los ideales de igualdad, civilización y progreso de los modelos ilustrados del siglo XVIII y XIX? No. Justamente eso: un instintivo rechazo a la hipócrita inmoralidad del colonialismo, por muy “imperial” que fuese.

Cuando Gandhi desafió al gobierno colonial y fabricó un poco de sal, vulneró uno de los puntales del dominio colonial (en el clima de la India la vida no es posible sin ese producto). Romper el monopolio significaba la primera fisura en el gran aparato. Algo parecido vimos en enero de 1955 cuando en Montgomery, Alabama, una mujer llamada Rosa Parks se negó a dar el asiento del autobús a un patán blanco como lo estipulaban las leyes de segregación, y con ese pequeño y gran gesto desató la movilización social que con el tiempo daría a los negros la igualdad ciudadana.

La vida del Mahatma es un rosario de ejemplos que hoy podrían aplicarse para lograr un mundo mejor. Pero los ciudadanos, con nuestra indolencia, nuestra conformidad, nuestra falta de participación, nuestra indiferencia o nuestro miedo, hemos prohijado una casta política de machines que gobiernan con la bravuconada, no con el respeto al otro; con la fuerza, no con la bondad; con la marrullería, no con la inteligencia. En el muestrario tenemos a los Bush, a los Saddam, a los Castro, a los Putin y a los Chávez, sí, pero también a gobernadores y a presidentes municipales. Dudo que en ningún país haya algún estadista… perdón, un político, dispuesto a seguir un camino pacifista e inteligente. Se dirá que es algo ingenuo, cuando no una soberana tontería.

En 1942 Louis Fischer, el incansable periodista que se involucró en las corrientes históricas que estaban cambiando el mundo, visitó la India y conoció a Gandhi. De sus encuentros con el padre de la patria habría de escribir Una semana con Gandhi y La vida de Mahatma Gandhi, el alucinante volumen que en lo particular considero lo mejor que se ha escrito sobre esa gran figura. Es uno de esos libros por cuya autoría yo habría dado el brazo izquierdo. En él Fischer despliega, desde el párrafo inicial y a lo largo de 50 capítulos y más de 500 páginas, el estilo sobrio y directo que logran muy pocos de quienes se dedican a este oficio: “A las cuatro y media de la tarde, Abha se presentó con la última comida que habría de tomar: leche de cabra, verduras crudas y cocidas, naranjas y una infusión de jengibre, limón agrio, mantequilla y jugo de áloe. Sentado en el piso de su cuarto en la parte posterior de Birla House en Nueva Delhi, Gandhi comió mientras conversaba con Sardar Vallabhbhai, primer ministro adjunto del nuevo gobierno de la India independiente.”

Era el 30 de enero de 1948. A los pocos minutos sería asesinado por Nathuram Godse en los jardines de la residencia. Sus últimas palabras fueron, “Hey, Rama!”… “¡Oh, Dios!”

Profesor – investigador en el Departamento de Ciencias de la Comunicación de la UPAEP Puebla.

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27 Septiembre 2007

México. Juego de ojos. Miguel Ángel Sánchez de Armas. A vuelta de correo (I)

Tomo prestado e título del espléndido volumen recoge la correspondencia entre Héctor Pérez Martínez y Alfonso Reyes para comenzar desahogar algunos de los correos que han llegado a Juego de ojos. Siempre leo con atención las cartas de los lectores e invariablemente las contesto. Algunas me reconcilian con el oficio, mientras que otras, he de confesar, me recuerdan que la humildad es una virtud y no un vicio. A todos quienes me hacen el favor de leer Jdo, mi gratitud.

“El día que asesinaron a Lenin” trajo un costal de correspondencia. Entre ella las siguientes líneas de Abraham Nosnik:

“Mis abuelos eran Ucranianos y emigraron a México a fines de los años veinte, en parte, por el cambio de régimen cuya cabeza fue el personaje de tu historia.

“Me encantaba ir con mi abuela Bertha en español (Bassia en hebreo y Bassi en ruso). Me pasé buena parte de muchas mañanas de mis vacaciones escuchando sus relatos. Un día me preguntó:

“-¿Sabes cuál es la diferencia entre los cosacos y los bolcheviques?

“-No, bobe (abuela), no lo sé, le respondí intrigado.

“-Ninguna, ¡los dos pegan duro!

“Los cosacos, liderados por Chmelnitzky, fueron famosos por sus persecuciones en Ucrania en contra de los judíos. Gracias por tus artículos. Incluso episodios tan dramáticos como el de Lenin, los describes con una fluidez y una capacidad de entretener sin morbo, admirables. Logran despertar interés, no importa el tema.”

“Manuel Altamira Peláez” reconfirmó que en tratándose de seres queridos la memoria puede ser selectiva, pero nunca injusta. Rubén Álvarez escribió:

"No sé si debido al tiempo transcurrido (o a la edad que confesamos), pero el recuerdo que tengo de los momentos finales de Manuel es completamente diferente al que tu escribes en Juego de ojos.

“Para empezar, no creo que su ingreso a La Jornada -del que tú fuiste, efectivamente, parcialmente responsable, como escribes-, haya significado para el Gordo un cambio en su forma de ser o de entender la bohemia: todo lo contrario. Manuel bebía y lo hacía como los buenos. Durante ese año que trabajó en La Jornada, una parte de la tertulia literaria la conformábamos el Gordo, Pascual Salanueva, Rafael Croda, yo mismo y, ocasionalmente, algunos amigos entrañables: Pedro Valtierra, Pablo Hiriart, Luis Alberto Rodríguez y no muchos más.

“Eran jornadas nocturnas interminables y quienes se quedaban invariablemente hasta el final eran Croda, Salanueva y Manuel (…) Hablábamos de todo pero, sobre todo, de política y literatura. O de literatura y política, y Manuel decía que no había mejor escritor sobre la tierra que Mario Vargas Llosa, quien recientemente había publicado La guerra del fin del mundo. (…) De verdad nos apasionábamos por la literatura y en no pocas ocasiones intentábamos competir (con resultados muy disparejos) para ver quién de todos nosotros depuraba un mejor estilo literario en nuestros textos periodísticos.

“La noche del 18 de septiembre de 1985, un grupo de reporteros y fotógrafos del diario salimos de la redacción cerca de la medianoche, para dirigirnos al Oasis, un bar miserable situado en la calle Morelos, frente al viejo edificio de Novedades. Eran dos cuartuchos de mala muerte que de día preparaba buenas quesadillas y por la noche se convertía en bar clandestino donde los más viejos periodistas y algunos desvelados de ocasión encontraban refugio y calor. No sabíamos si lo que tomábamos era en verdad lo que la etiqueta decía y siempre nos quedábamos con la sospecha fundada de que al día siguiente amaneceríamos ciegos.

“Puede ser que en esos días Manuel no estuviera bebiendo y que se la haya pasado con algunos pocos tragos o, de plano, con agua mineral. Pero se quedó hasta las 5 o 5:30 de la mañana (…) Lo demás ya es conocido. El muchacho que compartía habitación con Manuel (creo que se llamaba Rubén) me contó esa misma tarde del 19 -sentado en la banqueta frente a su edificio derrumbado-, que lo último que vio desde el comedor donde estaba fue a sus padres con su hermana menor en brazos, llamándolo para que juntos aguantaran el temblor bajo el vano de una puerta. Vio también a Manolo: vestido sólo con sus pants color rojo (los mismos con los que yo vi salir el cuerpo de un hoyo), sentado en su cama e indeciso por lo que el muchacho supuso que quería hacer: tomar la chamarra para salir. Porque era pudoroso, el Gordo al que tanto quisimos.”

“Enola Gay y Little Boy” fue ampliamente comentada. Lorenzo Lazo me hizo llegar la siguiente reflexión:

“Gracias por el artículo. Precisamente hoy 15 de agosto se celebra un
aniversario de la capitulación de Japón en la II Guerra Mundial. El comentario va en referencia a que Japón no se había rendido aún el 9 de agosto a pesar de saberse evidente perdedor de la guerra en el teatro del Pacífico.

“En alguna vida anterior en Londres como miembro del International
Institute of Strategic Studies, recuerdo haber visto algún paper que hacía referencia a los estudios de la época que indicaban que la invasión a Japón le costaría a los aliados cerca de un millón de vidas y prolongaría el conflicto de dos a cinco años mas.

“La tentación de lanzar la bomba no sólo era la forma más rápida de concluir el asunto, además de lavar el honor de la afrenta de Pearl Harbor (es interesante preguntarse qué método diplomático habrán utilizado los EU para avisar que si no había rendición utilizarían un arma devastadora: quizá sólo unos minutos antes de su aplicación, como ocurrió en Pearl Harbor).

“El otro aspecto y aún más importante de este evento es la demostración de
fuerza de los EU ante la URSS, situación que requería de una posición muy sólida para construir el nuevo equilibrio de postguerra. Era la fórmula que expresó Churchill: lo importante no era ‘ganar la guerra, sino ganar la paz’.

“En tu reflexión recordé al Dr. Strangelove. Nada me sorprende que el piloto
le hubiera puesto a la bomba el nombre de su mamá. ¡Lo verdaderamente
sorprendente es que la haya tenido!”

Y desde Suiza, Edmundo Murray (con quien compito por el Guinness para el doctorando más viejo en la historia de los estudios de postgrado), apuntó a propósito de “La gran guerra”:

“Mi amigo, en el momento en que mis colegas se dedican al deporte francés del almuerzo, si la rodilla izquierda me lo permite salgo a correr. A veces voy por el borde del lago, pero cuando me siento verdaderamente en forma arremeto una cuesta imposible que se inclina desde el jardín botánico hasta Pregny, pueblito burgués si los hay. Hice este recorrido decenas de veces los últimos cinco años, pero sólo fue el viernes que hice un oscuro descubrimiento: ‘Misión italiana a la conferencia del desarme’. Uno de esos palacios franceses con tejas negras, coches negros, y diplomáticos con trajes y lentes negros que no tienen absolutamente nada que hacer (pero lo hacen ceremoniosamente). ‘¡Conferencia del desarme!’ Eso sí que es gracioso. Te imaginás representando a México en esta conferencia? Sentadito frente al delegado yanqui? ¿Qué le podés decir: ‘Te cambio una tonelada menos de napalm de última generación por quinientas, mil, cien mil granadas?’ Y qué fiesta para los fabricantes.”

En las siguientes semanas continuaré este acuse de recibo “A vuelta de correo”.

Profesor – investigador en el Departamento de Ciencias de la Comunicación de la UPAEP Puebla.

sanchezdearmas@gmail.com

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13 Septiembre 2007

Miguel Ángel Sánchez de Armas. Juego de ojos. "La gran guerra"

Juego de ojos
Miguel Ángel Sánchez de Armas
La “Gran Guerra”

Salvo por la extensión territorial que asoló y el número de pueblos que involucró, la II guerra no tuvo nada de “grandeza”. De nuevo protesto, pues, y exijo a los señores académicos que se dejen ya de sus retozos lingüísticos, olviden el onanismo gramatical que les da discutir si “molcajete” y “guacamole” son o no términos a ser incluidos en el Gran –ése sí- Diccionario, y de una maldita vez se pronuncien sobre el grave asunto que en más de una oportunidad he puesto a su augusta consideración y declaren nula la expresión que da título a esta columna.

Dicho lo anterior, abordo el tema de hoy: el sexagésimo octavo aniversario del colosal conflicto que cobró la vida de más de 60 millones de seres humanos y sobre cuyas cenizas se construyeron la sociedad y el mundo actuales.

El 3 de septiembre de 1939 Inglaterra y Francia declararon la guerra a Alemania después de que el maloso e insensible Hitler se negara a atender el “ultimátum” presentado por el Primer Ministro británico (¡Ah, Chamberlain, aquella gelatina! O, como lo describiera Orwell, “[ese] estúpido anciano comportándose conforme a los dictados de su muy escasa inteligencia”).

A los millones de vidas perdidas hay que sumar los trastornos a la organización social, la destrucción de las economías, la recomposición geopolítica del planeta, la desorganización familiar, las hambrunas y la desolación que se extendió por el planeta.

Quisiera poder decir que los años transcurridos desde entonces fueron de paz, pero basta una breve e incompleta cronografía para comprobar, como si fuera necesario, que el estado natural de la sociedad humana es la guerra: 1947: matanzas en el Punjab; 1948: primera guerra árabe – israelí; 1950: guerra de Corea; 1952: rebelión Mau-Mau en Kenya; 1954: derrota francesa en Vietnam; 1956: guerra de Suez; 1956: revolución anticomunista en Hungría; 1956: revolución argelina; 1959: revolución cubana; 1960: revolución congoleña; 1961: fallida invasión a Cuba; 1963: conflicto de Chipre; 1964: guerra de Vietnam; 1965: invasión norteamericana a la República Dominicana; 1967: guerra de los seis días; 1967: guerra civil en Biafra; 1968: rebelión anticomunista en Checoslovaquia; 1973: guerra del Yom Kipur; 1975: guerra civil en Angola; 1977: guerra civil en Líbano; 1979: invasión soviética en Afganistán; 1980: guerra entre Irán e Irak; 1981: ataque israelí a Irak ;1982: invasión israelí al sur del Líbano; 1982: guerra de las Malvinas; 1983: invasión norteamericana a Granada; 1986: enfrentamiento norteamericano y libio; 1987: primera Intifada en Palestina; 1989: invasión norteamericana a Panamá; 1991: guerras de secesión en Yugoslavia; 1991: guerra del Golfo; 1993: invasión rusa a Chechenia; 1999: intervención de la OTAN en Kosovo; 2000: nueva Intifada palestina; 2001: invasión a Afganistán; 2003: invasión a Irak; 2006: guerra de Israel contra Hezbolla.

Lo dijo Ambroce Bierce en su Diccionario del Diablo: “Paz, en los asuntos internacionales: periodo de engaño entre dos periodos de lucha”. Y hace dos mil años Publio Cornelio Tácito, al comentar las gloriosas conquistas romanas, se limitó a murmurar: “Hicieron un gran desierto… ¡y lo llamaron paz!”.

También a la “gran guerra” debemos el inicio de lo que puede ser el holocausto de nuestra especie: el lanzamiento de dos bombas atómicas en territorio japonés, la comprobación empírica de las capacidades de una nueva arma, organizada y dispuesta por el aparato militar vencedor.

Después, claro, vendría el fariseísmo. Estados Unidos e Inglaterra firmarían una “Carta del Atlántico” con los siguientes puntos:

1. Sus países no buscan ningún engrandecimiento territorial o de otro tipo.

2. No desean ver ningún cambio territorial que no esté de acuerdo con los votos libremente expresados de los pueblos interesados.

3. Respetan el derecho que tienen todos los pueblos de escoger la forma de gobierno bajo la cual quieren vivir, y desean que sean restablecidos los derechos soberanos y el libre ejercicio del gobierno a aquellos a quienes les han sido arrebatados por la fuerza.

4. Se esforzarán, respetando totalmente sus obligaciones existentes, en extender a todos los Estados, pequeños o grandes, victoriosos o vencidos, la posibilidad de acceso a condiciones de igualdad al comercio y a las materias primas mundiales que son necesarias para su prosperidad económica.

5. Desean realizar entre todas las naciones la colaboración más completa, en el dominio de la economía, con el fin de asegurar a todos las mejoras de las condiciones de trabajo, el progreso económica y la protección social.

6. Tras la destrucción total de la tiranía nazi, esperan ver establecida una paz que permita a todas las naciones vivir con seguridad en el interior de sus propias fronteras y que garantice a todos los hombres de todos los países una existencia libre sin miedo ni pobreza.

7. Una paz así permitirá a todos los hombres navegar sin trabas sobre los mares y los océanos.

8. Tienen la convicción de que todas las naciones del mundo, tanto por razones de orden práctico como de carácter espiritual, deben renunciar totalmente al uso de la fuerza. Puesto que ninguna paz futura puede ser mantenida si las armas terrestres, navales o aéreas continúan siendo empleadas por las naciones que la amenazan, o son susceptibles de amenazarla con agresiones fuera de sus fronteras. Consideran que, en espera de poder establecer un sistema de seguridad general, amplio y permanente, el desarme de tales naciones es esencial. Igualmente ayudarán y fomentarán todo tipo de medidas prácticas que alivien el pesado fardo de los armamentos que abruma a los pueblos pacíficos.

(La columna “Enola Gay y Little Boy” provocó una avalancha de correos. Algunos me corrigen, otros me califican de tonto útil y algunos más de compañero de viaje de los rojos. Preparo un resumen.

Profesor – investigador en el Departamento de Ciencias de la Comunicación de la UPAEP Puebla.

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30 Agosto 2007

Diego Juárez y Enrique Arellano. Fútbol sin trampas. César Luis Menotti. Cascarita.

EL REGRESO DEL FÚTBOL SIN TRAMPAS

A la memoria de los desparecidos
políticos de México, Argentina y de todos lados.

No tener miedo al disenso, ni al debate,
es patrimonio de los hombres de bien.
César Luis Menotti.

Carlos del Toro en sus Anécdotas del Fútbol cita una definición contundente de este juego de The New York Times: un juego feo, rastrero, complicado, con engaños, trampas y, en ocasiones, brutalidad.

Este concepto sitúa en el plano ontológico del fútbol algunos rasgos más bien de estilos de hacer política o de formas de conducir una sociedad: el pragmatismo, el utilitarismo.

De lo dicho por el medio de comunicación neoyorquino se deduce otra cosa: independientemente de los fines, el juego es así, es tramposo. Esta idea esencialista del fútbol es limitada por una razón: olvida los intereses, las finalidades, las razones que determinan a una práctica humana ser de una forma y no de otra.

Si la inferencia anterior la trasladamos a la política o a la economía, podemos extrapolar a estos campos esa idea (más bien lógica): por definición la política es corrupción, es ejercicio brutal de la fuerza contra el enemigo, es uso del poder para defender los intereses privilegiados de uno cuantos; en esencia la economía es desigualdad, es búsqueda del éxito del interés particular para que esto traiga concomitantemente el bien común, es desregulación (y lucha contra todo aquello que obstaculiza su función promotora de bienestar) para que de manera libre los capitales circulen saqueando las riquezas de los países.

Aunque suene a contrasentido la perspectiva extraída de Maquiavelo es no sólo más exacta, es también más honesta en su carácter práctico: los fines subordinan los medios, los usan, definen su sentido.

Por lo tanto, el fútbol, la política y la economía, de acuerdo a ciertas finalidades, a determinados propósitos o a la convergencia de un grupo de intereses pueden engañar, hacer trampas, actuar de manera rastrera o ejercer la brutalidad: la represión política de las dictaduras militares de Chile y Argentina, el neoliberalismo, o las patadas arteras para ablandar al rival y que éste no despliegue sus capacidades tácticas y/o técnicas en el campo de juego.

En otras palabras, detrás de hechos específicos dentro de los campos de la economía, la política o el fútbol, hay responsabilidades, hay decisiones tomadas. La comprensión de lo que determinó ciertos acontecimientos pasa por el entendimiento de las circunstancias y voluntades entramadas (generalmente en tensión) y configuradas de una manera concreta en un momento histórico.

Que un tipo nacido en 1938 en Rosario, Argentina, cuya profesión es entrenador de fútbol y tenga dentro de su palmarés el título de Campeón del Mundial de 1978 y Campeón Mundial sub-20 en 1979, nos diga que en el balompié hay en efecto trampas y mentiras, y que éstas responden a intereses, nos obliga a una revisión mínima de la persona y sus ideas:

Siento en orientar esa acción un deber ineludible, una responsabilidad ética. Y valiéndome de mi libertad, decir, denunciar e intentar probar que el actual camino que transita el fútbol argentino y en otros muchos lugares está plagado de trampas y mentiras, también de desconocimiento y falta de ética.

En especial por aquellos que prefieren honrar su libertad manteniendo un silencio cómplice, negándose a responder todo aquello que suponga intromisión en cualquier área relacionada con el poder, ya sea mediático, económico o político .

César Luis Menotti, el hombre al que nos referimos, es además autor de dos libros Cómo gané el Mundial publicado en 1978 y Fútbol: juego, deporte y profesión editado en 1980. Es coautor de otro, quizás más conocido, Fútbol sin trampas, que escribió en 1986 junto con el filósofo, psicopedagogo y también entrenador, Ángel Cappa.

Menotti representa en el fútbol la defensa un estilo donde el jugador debe actuar con los pies y con la mente. La mente como una especie de inteligencia emocional puesta en el juego y afuera de él, con la finalidad de tener presente la perspectiva del otro e incorporarla en el hacer personal y colectivo. La otredad del espectador, de lo que representa su club o equipo para una colectividad, de la identidad del juego en relación con una idiosincrasia, de los valores que definen a una sociedad que deposita en el juego parte de su alegría y, a veces, parte de su razón de ser.

Es obvio que cuando dirige a un equipo, el rosarino no sólo habla de táctica, estrategia o de técnica, recupera la identidad del futbolista y del equipo en contrastación/confrontación con eso que no somos o no creemos ser, pero que nos define por oposición/complementación. En su discurso aparece la historia del club o del país, la responsabilidad de los actores del fútbol, la personalidad, la ética, la estética y la traducción de esto en una coreografía de fuerza, resistencia, flexibilidad y ubicuidad respecto del balón. Aunque para sus detractores sea un sinónimo de burla, expresión de demagogia pseudoizquierdista aplicada a algo tan simple como ganar un partido, o perorata sin consecuencias prácticas para defenderse del o atacar al equipo rival: se trata de principios de comportamiento dentro de un juego y de modalidades de representar lo que uno quiere y busca en la cancha y más allá de ella. El término filosofía sea quizás excesivo, pero tampoco es ajeno.

La tecnocracia invadió al medio futbolístico. Las narraciones utilizando un discurso bien construido sintáctica y semánticamente, con imágenes retóricas apropiadas, con sentido, ha pasado a ser una rutina de palabras excesivas disparadas por una ametralladora que mezcla lo mismo anuncios, datos estadísticos, descripciones redundantes y descontextualizadas, manifestaciones exultantes de aspectos intrascendentes, rutinas y tedio al compas de seguir cómo va y viene el balón, y de gritos eufóricos de goles como si la vida comenzara o terminara con ellos. En este desierto, las voces pausadas, con acento, con sentido común, buen decir y con contenido, enuncian lo cada vez más improbable: la magia y la fantasía podrían expresarse en el jugar bien al fútbol y jugar bien está más allá de los resultados, pero puede traer resultados, pero es más difícil jugar bien que ganar. Son los Cappa, Valdano, Cruyff, Menotti, o Roberto Gómez Junco (por citar uno de los pocos casos de México).

La tecnocracia nos ha llenado en exceso de finalidades tácticas y junto con la obsesión por el resultado, nos somete cada vez más a la dictadura de ganar o no perder a toda costa. Lo que está fuera de esto es romanticismo o no comprende la virilidad del juego como una apuesta de selección natural donde los más aptos a partir de su fuerza sobrevivirán. Pero las ciencias naturales y en particular la biología nos hablan cada vez más de colaboración entre especies para vivir. Jugar bien; sentirse bien por jugar como se juega; y hacer sentir bien a los otros por como se juega; requiere colaboración, generosidad y erotismo. En fin, esto es entrar a una esfera que muchas veces parece mística: la comunión.
Ángel Cappa señala que está a favor de un fútbol ganador que sea respetuoso de nuestra alegría, de nuestro gusto y de nuestra identidad. En esto se define como un aplicado alumno de Menotti. Los principios que asocia a César Luis son: fútbol sonriente, pases saludables, juego lírico y poético, jugadores que primero se divierten por jugar y luego por saber que han ganado, pero recién luego .

El Dr. Juan José Marín Hernández, especialista costarricense en Historia, y el Dr. Guillermo Carvajal Alvarado, especialista de la misma nacionalidad en Geografía, en su texto La historia y la geografía: dos perspectivas para entender mejor el fútbol, escriben respecto de la función pedagógica en el trabajo como entrenador de César Luis: Menotti comprendió el papel del futbolista no sólo como una figura heroica y mítica alejada de la realidad. Según, la revista el Gráfico, Menotti se preocupó porque sus jugadores asistieran tanto al teatro como a las partidas de ajedrez. Asimismo, Menotti preparó a los seleccionados para brindar y formar opiniones de todo tipo, a sabiendas de su responsabilidad social.

A pesar de los planteamientos de Menotti y de las críticas de sus opositores quienes lo acusan de fracasar en términos de resultados, en su trayectoria tiene, además de las Copas del Mundo de 1978 y la sub-20 de 1979, el título que obtuvo con el Huracán de Argentina en el Campeonato Metropolitano de 1973; la Copa del Rey, la Copa de Liga, la Supercopa en 1983 con el Barcelona. Ahora bien, es cierto que en los últimos 24 años no ha obtenido ningún título y se insiste mucho en que no le ha ido bien con los equipos a los cuales ha dirigido últimamente. No obstante, su principal antagonista, el Dr. Carlos Salvador Bilardo, adscrito a los técnicos preocupados por el resultado, creyente fiel de que el triunfo justifica los medios aunque estos se alejen del juego bonito y del juego limpio, tampoco ha sido un dechado de triunfos. Obtuvo los campeonatos nacionales 1977 y 1978 con el Deportivo Cali de Colombia, ganó en Argentina el Campeonato Metropolitano 1982 con el Estudiantes de la Plata, y bajo su conducción Argentina se coronó en la Copa del Mundo 1986.

La controversia entre Menotti y Bilardo expresa, a quienes se atribuye en Argentina influencia sobre otros técnicos, representantes de dos perspectivas diferentes, y aun contrapuestas, del fútbol, son definidos como docentes que ponen énfasis en aspectos diferentes. Mientras que para Bilardo lo importante es aprovechar los distintos elementos de los que dispone, sean éstos lícitos o no, para conseguir la victoria, y prefiere utilizar formaciones más bien conservadoras, tiradas hacia atrás, esperando el error del contrario; Menotti pone atención en la convicción de sus equipos respecto de lo que quieren hacer en el campo, insiste en el buen trato de balón y el protagonismo de sus formaciones para ir al frente (los críticos han denominado a esto proponer el partido, que no es otra cosa que adelantar líneas con el riesgo que supone, presionar la salida del equipo contrario para recuperar rápido el balón y tener posición ofensiva desde el campo contrario incorporando a la gente de atrás –los laterales o algún defensa central).

A propósito de la labor de un entrenador Menotti es claro, no habla de ganar o de triunfar, sería más útil, se me ocurre, indagar en las señales tangibles que emite el futbolista de élite o en formación, hacer una lectura minuciosa de sus condiciones, profundizar y optimizarlas. Un entrenador tiene por obligación enseñar entrenando, descubrir quién puede y quiere aprender, y abocarse a la desafiante tarea de potenciar al máximo las cualidades del jugador. Y esto no se logra con fórmulas mágicas sino desde el conocimiento .

Con estos conceptos César Luis Menotti regresa a México a dirigir al equipo de la Universidad Autónoma de Guadalajara. Será presentado al plantel el miércoles 29 de agosto. A unas horas de llegar a la Ciudad de México para de allí trasladarse a Guadalajara, ya existe un debate respecto de la pertinencia de su contratación y se emiten dudas acerca de si será capaz de sacar a este equipo de la difícil situación en la que se encuentra.

En México existen también los pro-menottistas y los anti-menottistas, y en medio de estos extremos muchas posiciones respecto de las cualidades y de la capacidad del entrenador argentino. Al margen están otras consideraciones, por ejemplo, la comunicadora Carmen Aristegui, en su Hoy por Hoy de la XEW, ha expresado su simpatía por la presencia de un hombre que dará calidad a las declaraciones en un medio que últimamente se ha vuelto precipitado, lleno de bravuconería e incongruencia. Los casos de Hugo Sánchez y de Jorge Vergara para no ir más lejos.

El caso de Menotti está más allá de los francotiradores del medio futbolístico quienes dudan de la aportación de un hombre que más que por lo ganado o perdido con él durante su paso por la dirección técnica de la Selección Mexicana, influyó positivamente en jugadores y entrenadores, aportó en la relectura de la identidad del fútbol mexicano y encontró elementos para fundamentar la idea de que nuestros equipos podían competir contra cualquiera proponiendo los juegos sin importar si éramos locales o visitantes. Quizás sutil o insignificante, quizás trascendente, no obstante esto significó una innovación en la autoestima de quienes en la cancha tienen la misión de representar algo más que a sus personas.

Las batallas de Menotti han sido más fuertes en Argentina, y van más allá del fútbol, en verdad dura ha sido la postura de los críticos quienes cuestionan haber tomado la dirección de la Selección Argentina durante la dictadura militar. Ponen en tela de juicio la congruencia ideológica del entrenador que ganó con su equipo para su país la primera Copa del Mundo de su historia cuando cerca del estadio de River Plate, donde se jugaba la final, a diez cuadras funcionaba la ESMA, el mayor centro de torturas de la dictadura .

Un cuestionamiento demoledor no sólo por lo que dice de Menotti, sino por la contrariedad en la que vivía el pueblo argentino, fue el de Adolfo Pérez Esquivel, Premio Nobel de la Paz en 1980: Todos los presos políticos, los perseguidos, los torturados y los familiares de los desaparecidos estábamos esperando que Menotti dijera algo, que tuviera un gesto solidario, pero no dijo nada. Fue doloroso y muy jodido de su parte. Él también estaba haciendo política con su silencio. Pérez salió de la prisión de La Plata donde estaba confinado, debido a la presión internacional, el 23 de junio de 1978, dos días antes de la final de la Copa del Mundo. No obstante, recuerda: en la cárcel, como los guardias también querían escuchar los partidos, el relato radial nos llegaba por altoparlantes. Era extraño, pero en un grito de gol nos uníamos los guardias y los prisioneros. Me da la sensación de que en ese momento, por encima de la situación que vivíamos, estaba el sentimiento por Argentina .

En efecto ésta como otras críticas en la misma línea han perseguido a César Luis, existen testimonios a propósito de su renuncia a la dirección técnica del equipo argentino, finalmente no aceptada, antes del Mundial, y los comentarios de los futbolistas a quienes entrenó, los cuales coinciden en lo confuso, contradictorio y difícil del momento, donde reconocen la dignidad mostrada por Menotti. Finalmente, si algo hay que decir de este grupo es que dieron y aún enfrentan la situación de frente, pese a lo doloroso y las implicaciones éticas en contra suya.

En una entrevista realizada en el 2003 a Menotti se le cuestiona:
Veinticinco años después se sigue vinculando al Mundial con la dictadura, ¿le molesta?

No, lo que sí me molesta es que los medios de comunicación cómplices de la dictadura la saquen de contexto para relacionarla con él fútbol. El Mundial no lo hice yo ni los jugadores, remarcar eso es una actitud cobarde. Si queremos hablar de política, primero tenemos que ver por qué aparecen los golpes de estado, a quién representan: no lo hacen cuatro militares locos que toman un fusil. Un golpe necesita muchas complicidades, las que primero usan al neoliberalismo de derecha; cuando éste se agota recurre a los militares, y después se infiltra en la democracia... Es muy bueno tener memoria, si queremos debatir analicemos por qué Argentina tuvo a Aramburu (dictadura 1955/58), por qué Onganía (dictadura 1966/70), por qué Videla y los que lo siguieron (dictadura 1976/83) y por qué Menem (presidente democrático 1989/99, de signo neoliberal). Relacionar el Mundial 78 con la dictadura es una postura cómoda... Los análisis cayeron en la facilidad de recordar a la dictadura a través de la Copa del Mundo. A mí no me hace falta el mundial para recordar la dictadura. La recuerdo porque a mis amigos los torturaban por pensar distinto, los encarcelaban y combatían a la izquierda de una manera criminal...

¿El hombre y su circunstancia? Menotti es un tipo consciente, informado y autocrítico. El examen de los hechos lo habrá repasado varias veces. Su postura de izquierda era conocida en aquellos tiempos porque era pública, permanece aun hoy. No estaba coludido con los militares ni aprobaba el genocidio. Es más, ¿quiénes, en ese momento teníamos el conocimiento de lo que allí ocurría? ¿Alguien podía dar cuenta clara en esos momentos de la magnitud de lo que pasaba no sólo en Argentina, sino en otras partes de América Latina (México incluido)?

No se trata de defender o atacar a César Luis Menotti. Lo cierto es que no delató ni mató a nadie. Asumió una postura como la de otras figuras públicas, artistas y deportistas, que estando en contra de la dictadura no se fueron del país y siguieron cumpliendo su profesión. No para que la gente careciera de conciencia (el problema de la conciencia es más complejo) de lo que ocurría o para engañarlos, sino para aliviar un poco el dolor, para aguantar, era también importante resistir y sobrevivir:

A distancia –señala hoy Oswaldo Ardiles (mediocampista de la Selección Argentina)- está claro que fuimos utilizados como propaganda por parte de los militares. Pero también hay que aclarar que nosotros, los jugadores y el cuerpo técnico que integremos aquella Selección, fuimos víctimas de esa manipulación de nuestro trabajo, o de los frutos del mismo. Hoy duele ver eso, pero también –sigue Ardiles- puede decirse que quizá servimos como bálsamo para mucha gente oprimida que pudo volver a salir a la calle envuelta en banderas argentinas. Sabíamos que lo nuestro no tenía nada que ver con lo que estaban haciendo los militares, algo que prácticamente desconocíamos. Pero de alguna manera, a los que medianamente teníamos cierta conciencia de quiénes se trataba, nos hacía sentir mal .

A algunos nos hubiera gustado un papel enérgico de Menotti, quizás más en los términos apuntados por Pérez Esquivel. Otros hubiesen preferido que se jugara la piel y se convirtiera en mártir. En el Mundial de México en 1970 ningún futbolista o entrenador protestó por lo ocurrido en la Plaza de las Tres Culturas de Tlatelolco en 1968. En el Mundial de Argentina ni Hugo Sánchez ni José Antonio Roca, tampoco Pilar Reyes, Leonardo Cuéllar o Vázquez Ayala se negaron a participar por lo que ocurría con los militares. Los periodistas mexicanos de los diferentes medios cubrieron dicho evento y no recuerdo en alguna de sus crónicas la referencia al genocidio. En el Mundial de México en 1986 ni Tomás Boy ni Fernando Quirarte, tampoco Hugo Sánchez o Manuel Negrete protestaron contra la incapacidad de Miguel de la Madrid Hurtado durante los terremotos de 1985 ni por la instauración del modelo neoliberal que tantos efectos perniciosos ha tenido en el país. ¿Nuestras máximas estrellas Hugo Sánchez, Jorge Campos, Benjamín Galindo, Luis Alberto Zague, Alberto García Aspe, Luis Hernández, Luis García o Cuauhtémoc Blanco, cuestionaron alguna vez la injusticia, la desigualdad, la pobreza y la responsabilidad de los grupos de poder en este estado cosas? ¿Algún entrenador o futbolista ha dicho algo respecto del fraude electoral del 2006?
En la década de los 70 hubo también en México una guerra sucia. Ni Rafael Puente ni Enrique Borja, ni Manuel Lapuente ni Ignacio Calderón, se pronunciaron al respecto. Del año de 1988 a 1994 hubo asesinatos de perredistas o de gente identificada con el cardenismo, ¿alguien recuerda a alguno de nuestros deportistas expresando su indignación, su crítica al salinismo? ¿Y Acteal y Aguas Blancas? ¿Y las muertas de Juárez, y San Salvador Atenco y Oaxaca?

En todo caso quienes vimos el Mundial de 1978 le hicimos también el juego a la dictadura de los militares argentinos y los Servicios Secretos y al Ejército mexicano, dado que no aprovechamos para expresar nuestro repudio ante la violencia de los dos Estados en contra de sus ciudadanos. No fuimos Johann Cruyff, entonces el mejor jugador del mundo, quien renunció a la Selección porque no quiso jugar en un lugar donde se detenía y desaparecía a la gente (violación masiva de los derechos humanos), tampoco fuimos Hellstrom, el guardameta de la Selección de Suecia, y uno de los mejores porteros del orbe, quien visitó a las Madres de la Plaza de Mayo para solidarizarse con ellas.

Por cierto, Hellstrom, años después recordaría toda la experiencia del Mundial 78: La gente tuvo un gran desahogo, se manifestó de manera inconsciente. Festejaban sin saber bien qué. La mayoría –afirma- creía que a los que estaban reprimiendo eran a otros y no a ellos mismos .

La misma Hebe de Bonafini, una de las principales voces de las Madres de la Plaza de Mayo, expresó algunas vez su postura respecto de los sentimientos encontrados y pese al dolor que la acompañaba, mostró un comprensión profundamente humana de lo que ocurría a partir de su entorno inmediato: ¿Cómo no voy a comprender a la gente si en mi propia casa, mientras yo lloraba en la cocina, mi esposo gritaba los goles frente a la televisión?

Menotti optó por otro camino:

Menotti, ¿para quién jugaba esa selección? ¿Para los militares o para el pueblo?

Esa era la consigna: entremos a la cancha de espaldas al palco y miremos dónde está nuestra gente: ahí, en la tribuna, está papá, los amigos, los vecinos y todas aquellas personas que sienten el fútbol. Pensando en ellos teníamos que mantener la dignidad de nuestro juego. No podíamos traicionarnos, tirar la pelota afuera... El equipo que no abusó de su condición de local, partiendo de un profundo respeto hacia el espectáculo .

Su compromiso estuvo con los jugadores y con la gente, no con los militares: (aquí se refiere a la final que jugaron contra Holanda)
Cuando volvimos al vestuario, exhaustos después de 120 minutos de un combate durísimo, nadie hablaba, estaban todos con la cabeza gacha como si hubiésemos perdido. Les pregunto ¿qué pasa? Y Olguín me miró y me dijo "¿Y ahora qué?". Y ahora volver a vivir, a hacer lo que hicimos siempre, con la satisfacción del objetivo cumplido. A seguir jugando al fútbol, que es lo que nos gusta.

La experiencia de Menotti no ha sido fácil. No es un tipo autocomplaciente, es abierto, se expone a la crítica, no rehuye el debate. Hizo campeón del mundo a un equipo que jugaba llevando alegría a su gente en medio del infierno. Esto tiene su mérito y su riesgo, algunos han preferido hacerlo blanco de responsabilidades que no le corresponden, pero si un aspecto se le puede reconocer de este periplo doloroso es que no se escondió ni se excusó, ha dado la cara, ha dicho su verdad, podemos no estar de acuerdo… lo respetamos.

Menotti regresa a México. En noviembre cumplirá 69 años. En algunos medios mexicanos afirman que está viejo y sólo viene a estafar a quienes lo contrataron. ¿Qué puede aportar a estas alturas? Su experiencia, las reflexiones sobre su historia dentro y fuera de las canchas; sus conceptos, más que vigentes o no, son principios a propósito del valor del fútbol como juego y fenómeno cultural; su confianza en el fútbol de un país como México que en su identidad tiene influencia importante del balompié argentino; su disposición a motivar a los jugadores para que comprendan la importancia para su profesión y para su vida, de ver una obra de teatro, de visitar un museo, de leer y de pensar.

Regresa a México esa idea sutilmente subversiva del fútbol sin trampas. Nos quedamos, sin eludir la memoria de lo que ha pasado y pasa en Argentina, aquí y el mundo, primero con una reflexión del entrenador argentino a propósito de la libertad y de la acción:

Es evidente que usar la libertad para mantener la boca cerrada es mucho más cómodo que valerse de la libertad para no desentenderse, y participar en orientar la acción que nos permita un debate más honrado. La libertad es peligrosa si uno quiere vivir comprometido, no desde el silencio, sino desde la acción .

En segundo término con una reflexión final de Pablo Aro Geraldes expresada en su artículo Mundial 78, una excusa para ser felices, publicado en París por la revista France Football, cuando se cumplieron 25 años de la primera Copa del Mundo ganada por la selección Argentina, conducida por César Luis Menotti:

Más allá de las polémicas y los recuerdos de los años manchados de sangre, los argentinos hoy valoran el título de 1978 por un equipo que ganó respetando un histórico estilo. En medio del horror, el fútbol fue, como suele definirlo Menotti, "una excusa para ser felices".

Enrique Cuauhtémoc Arellano Aguilar
Diego Juárez Chávez

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30 Agosto 2007

Miguel Angel Sánchez de Armas. La musa de George

La musa de George

No tengo idea si las hijas de Zeus y Mnemósine tienen un equivalente masculino, pero como decir “el muso” suena horrible y ofensivo, me quedo con el título en femenino para compartir con usted el divertido episodio que tiene a los críticos de Bush Jr en la mojiganga y a los asesores bufando y echando pestes.

Resulta que el célebre redactor de discursos presidenciales Michael J. Gerson, supuesto autor de frases inmortales como: “El eje del mal”, y dictados sacramentales del tipo: “Este conflicto comenzó en tiempo y términos ajenos; terminará en la forma y hora que nosotros elijamos”, era en realidad un plagiario que expropiaba el trabajo y talento de sus subordinados.

Según su ex empleado (o maquilador, según se vea) Matthew Scully, Gerson no sólo no era “el bardo” de la Casa Blanca, sino un vanidoso compulsivo, buscador de reflectores, acaparador de créditos, y absurdo e implacable autopromotor de su imagen.

“Pocos párrafos de mérito fueron escritos por Gerson”, dice Scully en un artículo publicado en la revista The Atlantic. “Y ninguno que se recuerde de las secuelas del 11 de septiembre, ni siquiera la frase ‘Eje del mal’.”

El Washington Post, que recoge la revelación en su edición del pasado 11 de agosto, juzga que se trata de una muestra más de cómo en la zozobra de una administración torpedeada por escándalos domésticos e internacionales, cada vez más antiguos incondicionales dan la espalda a las políticas y a las personas que alguna vez apoyaron.

El Post recuerda los casos de Matthew Dowd, arquitecto de la reelección de Bush, quien abjuró de la administración; del ex embajador en Naciones Unidas John R. Bolton, hoy principal crítico de la política exterior, y de Kenneth Adelman, amigo cercano del Vicepresidente, quien califica a la actual administración como la peor de los tiempos modernos.

“Los textos que Gerson presentó constituyen un ejemplo extravagante de falsedad”, dice Scully. “Su conducta alimenta otra de las ya conocidas y deprimentes historias de la Capital: una de autopromoción y manipulación mediática tanto más desagradable por el tono edificante que se le quiso dar”.

Cuando el Post pidió a Gerson comentar la acusación lanzada en su contra, éste se mostró “triste y dolido” por los terribles señalamientos y dijo “no recordar” hechos revelados por Scully sobre cómo el redactor de discursos expolió el trabajo ajeno.

El episodio es otra pincelada en el cuadro que, a la manera de El Bosco en “El jardín de las delicias”, va revelando estampas de la vida secreta de la Casa Blanca, como la que publica La Jornada del 28 de agosto bajo el título “Uno menos”: “Alberto Gonzales renunció ayer como procurador general de Estados Unidos, pero no explicó los motivos. Sin embargo, su credibilidad era nula tras ser acusado de engañar al Congreso por el despido de nueve fiscales federales. También colaboró en legalizar la tortura y aplicar el espionaje sin autorización judicial. El presidente George W. Bush lamentó la dimisión de ‘un hombre de integridad, decencia y principios’.”

Tan, tan.

El Vincenzo mexicano

A propósito de la pasada entrega de JdO, Sagrario Cruz escribe: “Corría el año de 1986 cuando en el curso de códices en la UDLA, la doctora Carmen Aguilera, gran conocedora de iconografía prehispánica, nos contó que había sido convocada a media noche por la policía judicial del DF para certificar si un códice que estaba en poder de la autoridad era auténtico. Se trataba del ‘Tonalámatl’, que contiene un calendario ritual, teogonía, legislación y mitología prehispánica. Resultó que un chavo de Quintana Roo fue a la Biblioteca Nacional de París a consultar el original y dejó en su lugar un facsímil. Aunque el cambio se descubrió mucho tiempo después, fue muy fácil ubicar quién había sido el culpable, pero se mantuvo bajo absoluta discreción este hecho. El muchacho argumentó que sustrajo el Tonalámatl por justicia puesto que pertenecía a los mexicanos y debía regresar a México. Lo curioso es que nunca lo entregó a autoridad alguna sino que lo conservó en su casa en Quintana Roo. El chico, que ahora es un cuarentón, fue nuestro héroe nacional del momento. Pasó un tiempo en la cárcel no sé si aquí o allá; el Tonalámatl regresó a París y nunca más fue accesible al público. Después de ese hecho sólo se pueden consultar facsímiles”.

Profesor – investigador en el Departamento de Ciencias de la Comunicación de la UPAEP Puebla

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24 Agosto 2007

Miguel Angel Sánchez de Armas. Vincenzo Peruggia.

Vincenzo Peruggia

El 22 de agosto se cumplieron 96 años del que se considera el mayor robo de arte del siglo XX, una saga de la vida real ante la cual palidecen los prodigios de la imaginación de plumas como la de Agatha Christie, G.K. Chesterton, Arthur Conan Doyle o Rafael Bernal.

Estos escritores engendraron a inolvidables héroes de la novela negra - Hércules Poirot, el padre Brown, Sherlock Holmes y Filiberto García- pero me parece que no atinaron a concebir a un personaje como Vincenzo Peruggia, un empleado del Museo del Louvre que en una tibia noche de otoño tomó el célebre cuadro de la Mona Lisa de su lugar en la sala Carre, desprendió el óleo, se ocultó unas horas en un clóset de servicio, al día siguiente salió del museo con toda tranquilidad con la pintura bajo el abrigo, tomó un tren a su natal Florencia y ocultó el tesoro en su departamento.

Dos años tuvo en su poder a la Gioconda. Cuando intentó venderla a la Galería Uffizi fue arrestado y llevado a juicio. Aseguró que había robado el cuadro por razones patrióticas, “como venganza por el pillaje de Napoleón y sus ejércitos en Italia”. El tribunal lo justificó y le pasó una sentencia de un año y quince días. Peruggia se convirtió en un héroe nacional.

Así en breve la historia no tiene desperdicio. Cuando se entra a los detalles resulta poco menos que increíble.

Aquella noche, Peruggia se percató de que la sala estaba sin vigilancia y bajó la pintura. Se deshizo del marco. Permaneció oculto en un cuarto de limpieza y a primera hora de la mañana pudo salir sin problemas, como ya se dijo. Pero lo sorprendente es que durante todo el día siguiente, nadie dio la voz de alarma. Al ver el hueco donde se exhibía el cuadro, los guardias pensaron que el fotógrafo del museo lo había tomado para las impresiones de un catálogo. Por la noche alguno de ellos se inquietó y buscó al hombre de la cámara, pero aquél no sabía nada. En el colmo de los colmos, se pensó que alguien había jugado una broma para dar un mal rato al servicio de seguridad. Pasaron muchas horas más antes de que les cayera el veinte y entonces sí, entre crujir de huesos y lamentos, pusieron de cabeza el afamado palacio, no dejaron rincón sin revisar… y sólo hallaron el marco y el cristal.

Las pesquisas llegaron hasta Apollinaire y después a Picasso (porque anteriormente había comprado dos esculturas robadas del Louvre). Ambos fueron absueltos.

Algunas semanas después los investigadores visitaron a Vincenzo en su departamento florentino, pues como empleado desaparecido al día siguiente del robo era uno de los sospechosos. Acompañados por una escuadra de carabinieri, revisaron el departamento de arriba abajo. No dejaron cajón sin abrir ni florero sin voltear. Nada. Muy formales, no tuvieron más remedio que entregar a Peruggia un oficio de liberación, ¡que firmaron sobre la mesa bajo cuyo mantel estaba oculta la pintura! Más que con una novela de Agatha Christie, este relato está emparentado con los hermanos Marx.

Durante los meses siguientes el ladrón ofreció la pintura a varios museos, pero todos la rechazaron seguros de que se trataba de “una copia” ya que era del conocimiento general que la auténtica había sido robada. Nadie veía en Vincenzo Peruggia a un artista del robo de arte. Le tenían como un vivales que pretendía tomar ventaja del mercado con una falsificación más o menos buena. Fueron los curadores de la Galería Uffizi quienes descubrieron la verdad y lo delataron.

Al día de hoy no se conocen los verdaderos motivos que impulsaron a este pequeño italiano -que en una fotografía de la época tiene aire de anarquista resignado, con collarín alzado y bigote de manubrio de velocípedo- a llevar a cabo el robo del siglo, una hazaña de alto riesgo incluso para las risibles medidas de seguridad de aquel tiempo.

sanchezdearmas@gmail.com

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16 Agosto 2007

México Miguel Angel Sánchez de Armas. Juego de ojos

Nosotros, los periodistas

En Washington, la semana pasada, escuché exposiciones y conversé con algunas de las figuras prominentes del establisment periodístico de la capital de la nación norteamericana, profesionales cuyo trabajo tiene una consecuencia tanto en el público como entre el gremio. La constante en el ánimo de estos colegas es muy parecida, por no decir idéntica, a la que a muchos nos mueve acá en este lado de la frontera: ¿Qué pasa con nuestra profesión?

Este “qué pasa” tiene que ver con el quehacer de los profesionales llamados periodistas, claro, pero en primer término con el lugar que los medios tradicionales ocupan en un mundo transformado por las nuevas tecnologías de comunicación y una dinámica de poderes que cambia y se reajusta (cuando no se reinventa) prácticamente al ritmo de las manecillas del reloj, o al impulso de la corriente de la nueva política dictada por los conflictos en el Medio Oriente.

Hellen Thomas es una leyenda por derecho propio. La diminuta y risueña decana de la “fuente” de la Casa Blanca ha sido el terror de los presidentes desde antes de Kennedy (sus malquerientes dicen que fue novia de Lincoln, pero ella responde con modestia que no tuvo ese honor). En un libro publicado hace un año (¿Vigilantes de la democracia?), en discursos y en conversaciones de reportero a reportero, dice con sencillez perturbadora que en el caso de Irak la prensa se convirtió en el perro faldero de la política “y la verdad se fue de vacaciones”.

Considera que muchos reporteros abandonaron un principio eje del oficio, el escepticismo, y al aceptar sin mayor cuestionamiento las increíbles versiones de la Casa Blanca, traicionaron la misión del periodismo. “Cuando se dieron cuenta de las consecuencias de su descuido, algunos se arrepintieron y buscaron refugio en “zonas de seguridad” –dice con un acento malicioso-, es decir universidades y centros de investigación.

“Llevamos cinco años en guerra –murmura mientras se frota las manos- y nadie nos puede decir por qué. No es moral invadir a un país que nada nos hizo”.

Le pregunté por qué los medios norteamericanos dan tan poco espacio a los asuntos de la vecina América Latina. Me miró con un dejo de conmiseración y sin perder el humor respondió: “Es que ustedes no están en guerra”.

Bill Moyers es otro crítico del belicismo estadounidense desde la trinchera de la televisión pública, en documentales que han sido por partes iguales premiados y atacados. Para él, el asunto es muy sencillo: “El silencio es sedición. El periodismo, un pasaporte al mundo de las ideas. Las noticias, lo que usted y yo necesitamos para mantener nuestras libertades”.

Moyers sabe muy bien de lo que habla. Fue jefe de prensa de Lyndon Johnson en su juventud desorientada y habitó el mundo de los “operadores de medios”. Conoce la capacidad de movilización de las estrategias oficiales. Aunque en medio de una carcajada precisa: “Pero en aquel tiempo nuestra credibilidad era tan baja ¡que ni nosotros dábamos crédito a nuestras propias filtraciones!”

John Walcott, director de la oficina de la cadena McClatchy en Washington, considera que el periodismo tiene ante sí el reto de ser “la mejor profesión en el peor de los tiempos” y cree llegado el momento de un gran debate público sobre el sentido que tienen los medios en la preservación de la democracia. “La verdad es que hemos abdicado del pensamiento crítico”, sostiene.

Estas son algunas pinceladas del estado de ánimo que percibí en el 90vo encuentro anual de la Asociación para la Enseñanza del Periodismo y la Comunicación, un organismo que reúne a profesores, a directores de facultades, a investigadores y a periodistas de América, Europa y Asia, en un ejercicio intelectual y profesional que tiene mucho de catarsis.

En siguientes entregas iré compartiendo con los lectores de JdO otras noticias y anécdotas del evento, al que asistí como profesor – investigador de mi universidad, la UPAEP – Puebla.

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8 Agosto 2007

México. Miguel Angel Sánchez de Armas. Enola Gay y Little Boy

No es un título de película de caricaturas de la Warner Brothers el encabezado de la entrega de JdO con que reanudo la serie luego de unas vacaciones que me dejaron en calidad de pinole, sino los membretes de dos artefactos que han quedado inscritos en la historia universal de la infamia: el avión “Superfortaleza B29” que el 6 de agosto de 1945 sobrevoló la ciudad japonesa de Hiroshima, y el artefacto que soltó para freír a cientos de miles de seres humanos y comprobar empíricamente la capacidad destructiva de una nueva tecnología militar: la bomba atómica.

Tres días después, el 9 de agosto, otro aparato, bautizado Bockscar, dejó caer sobre Nagasaki una segunda bomba, Fat Man. Con ello quedaron muy satisfechos los profesores y políticos que diseñaron, construyeron y dieron la orden de utilizar ese terrible artefacto contra un país que ya se había rendido. Fue la locura de la sangre. Las patadas al cadáver del enemigo. La aniquilación de quienes nos enfrentaron y la construcción de un mensaje patibulario: esto es lo que les espera a nuestros enemigos.

Han transcurrido 62 años de aquel día. Enola Gay se exhibe reconstruido en un museo de la capital norteamericana –sin que en ninguna parte se pueda leer un “¡Nunca jamás!” Little Boy (“Muchachito”) y Fat Man (“Gordinflón”), las armas asesinas bautizadas con siniestro gracejo por algún anónimo “defensor de la democracia”, hoy son obsoletas chinampinas comparadas con las capacidades destructivas del moderno arsenal nuclear con el que algún día la clase política mundial y sus corifeos harán pedazos este montón de tierra que gira en torno a una estrella a la que llamamos Sol. Ya lo dijo el autor: la mayor hazaña del Diablo fue hacernos creer que no existe.

Seis décadas después recordamos a las víctimas inocentes de aquellas jornadas. Los diarios de la época publicaron espeluznantes reportajes. The Lima News en su edición del 8 de agosto citó una transmisión de Radio Tokio en la que se describía el impacto de la bomba, “tan terrible que prácticamente todos los seres vivientes murieron rostizados por la ola de calor y la presión del estallido. Los cadáveres carbonizados quedaron irreconocibles”. Niños pequeños, adolescentes, mujeres y hombres civiles, casi todos victimas de la penuria de un país derrotado y hambriento, y, supongo, algunos militares y políticos y “estadistas”, fueron las víctimas.

¿Quién es o quiénes fueron los responsables del ataque genocida? En su momento todas las partes tuvieron sus explicaciones y aún hoy los historiadores debaten el tema. La necesidad de dar un golpe final al enemigo; una estrategia para frenar el creciente poderío militar chino y un aviso a los soviéticos; adquirir una postura de mayor fuerza en el mundo de la postguerra... todas necesidades políticas, pues. La muerte de inocentes no fue más que un daño colateral subordinado a un bien superior. La apertura de esa Caja de Pandora un riesgo calculado.

Muchos de los padres de la tecnología que hizo posible la fisión nuclear, encabezados por Einstein, se opusieron a su utilización como arma de guerra. Fueron acusados de comunistas y anti norteamericanos. Los políticos apretaron el gatillo. El presidente Harry S. Truman (quien en su juventud fue miembro del Ku Klux Klan) autorizó el lanzamiento de la bomba. Ignoro los nombres de los demás generales, almirantes y altos funcionarios que tuvieron corresponsabilidad, pero sí conozco los de la tripulación del primer bombardero: Coronel Paul Tibbets, piloto; capitán Robert Lewis, copiloto; mayor Thomas Ferebee, artillero; capitán Theodore Van Kirk, navegante; teniente Jacob Beser, contramedidas electrónicas; capitán William Parsons, encargado de lanzar la bomba; segundo teniente Morris R. Jeppson, ayudante del encargado de lanzar la bomba; sargento Joe Stiborik, radar; sargento George Caron, ametralladora de cola; sargento Robert Shumard, ayudante del ingeniero de vuelo; soldado Richard Nelson, radio; sargento Wayne Duzenberry, ingeniero de vuelo y el doctor Luis Walter Álvarez como observador científico.

¿Habrán logrado conciliar el sueño el resto de sus vidas?

Por cierto, Enola Gay se llamaba la madre del piloto Tibbets. La historia no nos dice cuál fue la reacción de la señora cuando supo que su nombre había bautizado a un arma criminal.

A mí, me hubieran desheredado... después de una azotaína, claro.

sanchezdearmas@gmail.com

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Sobre mí

¡"somos los exiliados en lo nuevo sin autorización ni privilegios sueltos en los meandros del azar con la viejas nostalgias aprendidas los mejores rencores malogrados pero con la tristeza refrescante por imborrable y por conmovedora que es de nosotros porque fue de otros de todos y de uno!" MARIO BENEDETTI"

octavio.islas@itesm.mx

Director de Proyecto Internet-Cátedra de Comunicación Estratégica y Cibercultura del Tecnológico de Monterrey, Campus Estado de México. CV Resumido


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Disco Cicatrices

Siempre he querido escuchar en la radio, esa canción que inventamos borrachos, a la salida del antro del diablo, cuando abrazabas a Diana la monja, mientras yo me carcajeaba de frío, fuera del Regis, que se nos vino a caer.

La bailarina de nuestras parrandas está llorando en la banca de un parque, como le pesa el goteo de las noches sobre esas piernas otrora divinas, mientras tú y yo arrojamos el ancla de un barco hundido, perdido, sacudido, herido de tanto huracán.

Bebimos y vivimos, de musas nos hartamos. Tocamos las costillas de nuestra muerte joven.

Bebimos y vivimos, de amigos nos rodeamos, algunos se perdieron, algunos se encontraron...

Siempre he querido escuchar en la radio, esa canción que robamos del baño de aquel cinito de cintas tres equis donde fundamos la Secretaría de Educación Arrabal de la Vida cuando la calle era destino, doble sentido: era el camino, era nuestra profesión.

Bebimos y vivimos

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